Te decía que cerrar un proyecto y empezar otro no es fácil.
Con la cocina fantasma de la abuela nos pasaba eso. Llegó un punto en el que no podíamos dar un buen servicio y tuvimos que echar la persiana.
Pero, hasta entonces, hubo muchos cambios. Pasamos de:
A:
Vamos, que fuimos escalando junto al proyecto.
Pero, después de un mes, teníamos que hacer frente a 12 pedidos en una noche y ahí ya la cocina de la abuela no dio para más.
Podríamos haber seguido, pero sin posibilidad de escalar. Eso no mola, a menos que tu proyecto te dé de comer y no necesites más.
A nosotros no nos daba, nos surgió la oportunidad de trabajar en una cocina profesional y decidimos cambiar.