Después de cerrar la cocina en casa de la abuela, formamos parte de una cocina fantasma de verdad, con permisos y extintores.

La llevaban dos compañeros de carrera, que estaban varios cursos por encima. Y te cuento esto no para que veas nuestra historia de progreso, ni mucho menos.

Te lo cuento porque a estos dos chicos no les conocía de nada. Mi primer contacto fue meses antes de entrar a trabajar con ellos, cuando estaban montando el local.

Aprovechando que iban a hacerles una entrevista desde la universidad, 2 compañeros y yo fuimos a ver su nuevo proyecto.

4 meses después, uno de esos compañeros (que también estaba en el proyecto de la casa de la abuela) y yo nos unimos a ellos.

Necesitaban ayuda y personal. Nosotros habíamos empezado algo parecido en casa y sido de los pocos que habíamos pasado por el local cuando estaban empezando.

Así que nos ofrecieron la oportunidad. Y pasamos los meses siguientes haciendo las mejores hamburguesas de Valencia y lanzando nuevas marcas.

¿Casualidad, destino? Yo pienso que las oportunidades llegan cuando haces cosas.

Si no haces nada, alguna te puede caer, pero nada comparado a no parar el culo quieto.

Tampoco hace falta montar una cocina clandestina para ello. Formar parte de una lista como esta ya es algo. La cosa es moverse, probar, fallar, acertar, repetir...

Trabajando allí aprendimos mucho y se nos abrieron más oportunidades, y eso que éramos tan zoquetes que, los primeros meses, perdíamos pasta por un tubo.

Facturábamos más de 10.000€ al mes, pero perdíamos 2.000€ por un pequeño detalle que suelen obviar las personas inteligentes y los burros como nosotros.

Pero te lo cuento mañana si te interesa y me interesa. Que quiero que estos correos sean cortos y digeribles, para que no te aburras y no te empaches de conceptos.